septiembre 07, 2010

Cuando somos niños, solo nos preocupamos de si vamos a ir o no al parque esa misma tarde, de si podré coger el columpio y estar horas volando, notar como el aire choca contra mi rostro y sentirme libre, de si veré o no a mi amiga y poder contarnos los sueños que se tienen.. que si una casa con jardín, un príncipe azul... Pero un día ya no quieres ir al parque, ya no quieres pelearte por ese columpio vacío con el cual quieres pasar horas columpiándote, no sueñas con príncipes azules, y tu casa con jardín. Esos sueños se han roto, ya no existen. Aparecen otros, otros que son difíciles de conseguir. Te vas dando cuenta de lo dura que es la vida y los palos que da, y que nada de lo que tú pensabas de pequeña es así, todo es tan distinto... Te das cuenta que príncipes no hay, que los tíos son todos iguales, pero que un día llegará esa persona que te hará feliz, esa persona que te quiere más que a su vida, y que daría todo por ti. Y solo hay una preocupación en tu cabeza, él, solo quieres vivir tu vida con él, hacerle sentir el más feliz del mundo y que nada le importe excepto tú.

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