Navidades pasadas... Infancia...

diciembre 03, 2012

Navidad. Y yo me traslado a mi infancia. Allí, con un par de años menos. Cuando celebrábamos la navidad como es debido. Rodeados de personas, amigos... Cuando llenábamos la mesa de gente y no de tantas cosas como ahora. Cuando reíamos por cada tontería y la inocencia de los más pequeños, nosotros, reinaba en el campo, en la mesa, en esos días... Cuando deseábamos acabar de cenar y esperar desesperadamente a que "Papá Noel" dejará los regalos en el árbol de la entrada del campo, ese árbol que posteriormente se enrollaba con lucecitas de navidad y, más tarde, fue cortado y aprovechado para la chimenea. 
Salíamos todos con ilusión a ese mismo árbol y nos encontrábamos allí una cantidad de paquetes enrollados con papel de regalo...
¿Dónde quedan ahora esos regalos enrollados y esa ilusión? Últimamente hasta yo misma envuelvo los regalos, hasta los míos propios... Por ayudar a mi abuela...

¡Bendita inocencia, bendita infancia!
Abrir los regalos con ilusión, con desesperación por ver lo que ese papel envuelve, por si será lo que pedí en la carta o si él mismo ha tomado una decisión propia que no sabe si me gustará... Y luego... Compartir los regalos con los demás. Bajar al campo de la vecina de abajo, encontrarme con mi amigo de toda la vida y compartir con la pregunta de "¿Qué te ha traído Papá Noel?" .
Ese árbol de navidad que ponía mi abuela en lo alto de la barra para que se viera bien al entrar en la casa, y el belén justo al lado del árbol... La chimenea encendida, nosotros al rededor con panderetas y dispuestos a cantar villancicos....

Ahora, hasta los villancicos han desaparecido, la gente ha ido desapareciendo, y la mesa se ha ido llenando de otras cosas. El gran árbol que ponía mi abuela con ayuda de mi tía Ana, se ha cambiado por uno pequeño sin adornos algunos, tan sólo dos palomas blancas. Mis tíos, ya ni se acercan por allí el día de noche buena, y la noche mucho menos, ni siquiera el día de Navidad... 
A cambiado todo. Las risas en la mesa están, por supuesto, y algún que otro susto también por tanta risa y tanta comida. Pero ya no espero ansiosa que la cena acabe y que nos demos los regalos, o ya los he visto o han sido por adelantado. Que lo odio, los regalos se dan esa noche, después de la cena, ni adelantos ni nada. El hecho de bajar al campo de la vecina y compartir los regalos también ni está. 


Añoro todo eso tanto...

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