Je t'aime, je t'adore.

mayo 30, 2013

Hacía 4 meses que me había escapado, que conocía París. 4 meses que lo conocí a él. 4 meses que mi vida había cambiado por completo, que había aprendido a ser feliz, con él. Que él me había enseñado tantas cosas en estos 4 meses... Un amor a primera vista el mío, el suyo... Ni siquiera lo sé, pero algo así tendría que haber sido. 
Hacía 4 meses que lo vi por primera vez, en el río, haciendo aquello que sabía hacer tan bien, fotos. Y desde entonces, casi no nos habíamos separado. Nos habíamos convertido en uña y carne, en Zippy y Zape, Phineas y Ferb o en todas aquellas parejas que podéis imaginar. Mi vida junto a él era... ¡IN-CRE-Í-BLE!
Y hoy, justamente hoy, hacíamos 4 meses. Y Maxime llevaba días ilusionado. El 4 era su número favorito, lo volvía loco, y quería hacer algo especial para ese día sí o sí. 
Quería que todo fuera una sorpresa preciosa para mí, quería que no me enterará de nada hasta que lo tuviera delante, y yo me moría de ganas por saber que preparaba ese loco parisino. Los días se esfumaban, él estaba como loco, y yo muerta de ganas por saber.  
El día llegó y a las 9 de la mañana allí estaba buscándome para pasar el día juntos. Maxime... Un amor. Ni siquiera me enteré cuando llegó a casa. Cuando me quise dar cuenta me lo vi entrar por la puerta de la habitación dándome los buenos días en su perfecto francés 'bonjour, mon amour'. ¿Se puede empezar mejor el día? Entraba con una bandeja llena de cosas; creps, croissants, dos vasos con zumo de naranja con doble de azúcar... Mi cara era una mezcla de todo. ¿Cómo había entrado sin ni siquiera darme cuenta? ¿Cómo había cocinado tanto y sin despertarme? ¿Cómo podía ser tan así? Me abalancé sobre él, le susurré 'bonjour, mon amour. Je t'aime'. Y devoré junto a él, el desayuno que había preparado. 
¡Qué desayuno! Lleno de tonterías y de amor... Como él, Maxime, todo él, un amor. 
Mientras él recogía, yo me daba una ducha para continuar con él día que me había preparado. Preparó una sesión de fotos en el Sena, donde nos habíamos conocido, pero esta vez él, no hacía las fotos. Los enamorados a quienes fotografiaban era a nosotros. No me gustaban las fotos, pero él... Él lo hacía todo especial, y yo solo me dejaba llevar. 
La sesión de fotos acabó y a él no se le acababan los planes. El día continuaba. Quería subir a la Torre Eiffel y yo no le dije que no. Desde allí arriba todo se ve precioso, los parisinos son realmente fantásticos. Matamos el tiempo riendo y con sus tonterías que había conseguido enamorarme. A lo tonto a lo tonto, era casi la hora de comer, y realizó una llamada, pero no sé porque en ese momento una mujer de larga edad se me acercó y me empezó a preguntar cosas que ni siquiera tenían sentido. Cuando la mujer terminó, él colgaba el teléfono. '¿Planeado también?' 'No sé de que me hablas' y se rió... 
Me llevó a un lugar especial. El picnic ya estaba preparado... Con la boca abierta me quedé. ¿Cómo es posible? 
No sé el tiempo que estuvimos allí. Con él, se me pasaba todo rápido. Dijo que nos teníamos que ir, que llegábamos tarde. Le pregunté donde llegábamos tarde, pero no contestó. 'Tápate los ojos'. '¿¿¿Qué??? No me voy a tapar los ojos'. Consiguió que me los tapara........
Cuando me destapó los ojos estaba en una habitación de hotel, era precioso. Me asomé al balcón y... Se veía todo París. Podía ver la Torre. Todo. Le abracé, le dije lo maravilloso que era y lo enamorada que estaba, 'Je t'aime, Maxime, je t'adore'
La cena también fue fantástica, a la luz de las velas, con unas vistas increíbles, todo apartado de todos... Me conocía bien, sabía como me gustaban las cosas... 
Luego había que disfrutar del hotel, con todo lujo de detalles. Pusimos el jacuzzi en marcha y nos abandonamos, nos invadimos el uno del otro.
Me enamoré un poquito más si cabe con el día que me preparó.
A la mañana siguiente era mi turno, porque me lo tomé yo. Le preparé el desayuno bien temprano y se lo llevé a la cama, no quería que se despertará antes de tiempo. Él y sus tontas manías de madrugar, con lo bien que se está en la cama... Y más con compañía. 
Nos perdimos durante todo el día, no sabía ni donde estaba, ni si me dolía los pies o la cabeza, la rodilla o el tobillo. O tal vez era porque no me dolía nada, porque estaba perfectamente en sus brazos, entre sabanas limpias de aquel maravilloso hotel. 

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