Cual película.

agosto 24, 2013



La noche de la escapada romántica, los músicos, la torre iluminada justo enfrente nuestra… Fue de lo más preciosa, la mejor noche de toda mi vida.
Pero eso no fue todo. Después de que los músicos se fueran y de darnos todo el amor que se pudo en público, desaparecimos en la oscura París camino a casa de Maxime. Y allí continuamos con la noche tan especial. Si os digo la verdad, no dormimos durante toda la noche.
Nada más llegar a su casa, seguimos dándonos ese amor que en público no pudimos, aunque fuéramos los únicos en todo París que estábamos despiertos a esas horas y por la calle. No sé cuantas horas estuvimos enredados en las sabanas limpias, pero cuando nos quisimos dar cuenta, era hora de que el sol saliera y esos colores tan preciosos de amanecer. Salí arrastrada por él con una rapidez que ni las de los pilotos de F1. Y llegamos a tiempo para ver el amanecer desde el maravilloso Sena. Abrazados llevados por el frío, sin apenas ropa, solo el calor nuestro. Pero el sol, no se dejó ver por París aquel día. La lluvia volvía a ser el primer plato. Y no hace falta decir que nos pilló de pleno. Sin paraguas ni chubasquero.

Volvimos a casa de Maxime empapados, nos podían escurrir y sacar litros y litros de agua, sin exagerar. Así que, conforme entramos por la puerta fuimos dejando una fila de ropa hasta el cuarto de baño, donde nos fundimos en un baño de espuma. A veces, si sabes con quien compartes, se puede convertir en el mejor baño de espuma que jamás habrías soñado. Eso sí, en acabar tuvimos que ponernos manos a la obra con la limpieza del baño. Un desastre. Pero con la mejor sonrisa de todas y feliz, muy feliz.
Y como seguíamos sin dormir, después de darnos los mimos y el amor suficiente para acabar el mejor día de mi vida, caímos rendidos, abrazados cual película de enamorados. 

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