"Tenemos que vivir la vida".

mayo 01, 2014

El sol se colaba tímidamente por este París lleno de amor. La gente alargaba la hora de llegar a casa o a hoteles, las parejas paseaban a la orilla del Sena y los picnics eran casi a diario. 
Era temprano, los rayos de sol débiles todavía no habían entrado por mi ventana cuando escuche la puerta de casa. Sabía que era él y seguí remoloneando en la cama, pronto aparecería en la habitación para despertarme de la mejor manera posible. Cada día me sorprendía con cualquier chorrada que a mí, me enamoraba. Pero ese día no entro. 
No tenía porque pasar nada raro, pero cuando te acostumbran a una cosa y un día te lo quitan de repente... En la cama me quedé, inmóvil, mirando a aquella puerta blanca. Creí abrirla con la mete, pero ni la mente la abrió ni tampoco él. Y la desesperación me consumía. 
Me levanté de la cama como la que se acaba de despertar de una pesadilla buscando un poco de agua para asimilarla. Entonces me di cuenta que Maxime estaba tirado en el suelo, entrando a la cocina. El corazón no dejaba de bombear sangre a mil por minuto, mi cabeza no pensaba, me quede paralizada. Cuando volví en mí, cogí el teléfono como pude y llamé a una ambulancia, solo le pude decir la calle, la chica que me atendió solo hacía que preguntarme que qué había pasado y balbuceé algo que ni yo misma entendí.
A los pocos minutos, reanimado en la ambulancia, él... Él estaba conmigo. Consciente. 
Todo salió bien. Después, fuimos a hacer reposo a casa, los dos acurrucaditos en el sofá.
Los días pasaron y Maxime iba recuperando las fuerzas. 
Los rayos del sol se colaban por la ventana y ellos fueron los que me despertaron, él, todavía a mi lado, seguía durmiendo plácidamente. Las tornas cambian, pensé, hoy me toca despertarlo a mí. Le abracé y le dí un beso en la frente, me acurruqué en él. Entonces me abrazó y me susurró al oído, "Bonjour, mon amour". 
Se le veía bien. Los mimos de los días anteriores lo habían curado. Le cogí la cara, le miré a los ojos emocionada le dí EL beso de buenos días y le abrace.
La mañana empezaba bien. Nos emocionamos los dos. Él acabó encima mía, sudando, y yo abajo diciéndole lo mucho que le quería. 

Me volví a dormir, ni siquiera lo recuerdo. Me volvió a despertar con el día planeado ya. 
"Dúchate que tenemos que vivir la vida". Me dijo. Yo no sabía que mosca le había picado, pero me fui a la ducha con el pensamiento de "tengo mucha suerte". 
"Sena o Torre", me sorprendió en el baño a los pocos minutos después mientras yo me secaba el pelo, y no entendí que quería decir. Pero sin saber bien "quiero ver el agua del Sena". La decisión estaba tomada y no sabía para que exactamente había elegido el Sena. Cuando salí del baño lo entendí todo. Había preparado la cesta de picnic y recuperado el mantel a cuadros que nos regalo su madre.
"Cagiño, siento haberte asustado por lo del otro día. Pero, tenemos que vivir los días como si quedarán pocos. Cagiño, je t'aime". Me emocionó. 
Cogimos todo lo que había preparado y fuimos de camino al amor.


You Might Also Like

0 comentarios