Primeras vacaciones.

noviembre 25, 2014

Las doce marcaban en mi reloj del móvil, por lo que se podía decir que ya 15 de agosto, y empezaban oficialmente mis vacaciones. Los nervios se me posaron en el estomago y no podía conciliar el sueño. Volver a coger un avión, volver a mi cuidad, a ver a los míos... ¿Les gustará Maxime? A mí hermana seguro que sí, es lo que habíamos deseado de pequeñas, un hombre romántico que se partiera el alma por querernos. 
Me pasé toda la noche pensando. No recuerdo bien, cuando me dormí por fin. Él, poco después de apagar la luz y de las últimas palabras que nos dijimos, se durmió. 
Las ocho y media marcaba en mi móvil cuando me desperté. M todavía dormía. Me levanté y arreglé la casa un poco, aunque había poco que arreglar, estaba todo en su sitio, todo limpio... Pero tenía que estar haciendo cosas para no darle más vueltas a la cabeza. Ya estaba todo hablado, ya estaba todo organizado, no podía salir ahora mis miedos y cambiar los planes de un momento a otro. Volví a la cama y le abracé, le abracé fuerte, matando así mis miedos por unos momentos. Entonces él se despertó y me besó. "Tranquilízate, todo va a salir bien", y respiré, respiré aliviada. ¿Por qué iba a salir mal?

La espera en un aeropuerto es lo peor, estar esperando y esperando, y no hacer otra cosa que esperar, nerviosa por los controles sabiendo perfectamente que no llevas nada que no tienes que llevar, pero aún así no lo puedes remediar. Maxime me miraba y se reía, y yo no le veía la gracia por ningún sitio, le miraba enfadada y le hacía más gracia todavía. Esa tranquilidad que demostraba tener... ¿De dónde la sacaba? Yo estaba atacada. 
No sé como consiguió sacarme sonrisas, pero me las sacó, me reía, y entonces los minutos corrieron un poquito más. "Este hombre hace que la vida sea mejor, que merezca la pena todo", pensé mientras le miraba a los ojos. Y lo vi todo claro, nada podía salir mal a su lado
Con ese pensamiento me relajé y pasé los controles de seguridad sin darme cuenta. "¿Ves como no son nada?" me dijo con esa sonrisa que no había quitado en ningún momento, y yo, sonreía con él. 
Ya una vez en el avión, me despedí de París desde mi asiento. Me daba pena irme aunque solo fuera por un par de días. "Podrían haber venido ellos, o incluso mi hermana sola, también hubieran sido unas bonitas vacaciones", pensé mientras me enfadaba un poquito más conmigo misma. Mis miedos... Le cogí de la mano y me tranquilicé, me repetí a mi misma de nuevo que todo iba a salir bien, que Maxime les caería bien, que les gustaría...
La azafata interrumpió mis pensamientos ofreciéndonos algo para tomar y hacer más ameno nuestro viaje. Le dejé elegir a él, yo con mis nervios en el estómago iba servida. Aún así me pidió una botella de agua y algo para comer. 

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